Lugares comunes de David Lynch
Empiezo a sospechar que estamos dentro de la cabeza de Lynch y que no podemos escapar. Su universo no tiene límites, sus carreteras no son paralelas, sus historias son circulares. Giran, vuelven a girar, se entrecruzan unas con otras y a veces incluso se encuentran. Por supuesto, en terreno allanado para pesadillas.

Estaciones de paso que quedan en medio del humo
Las carreteras no sólo se pueden transitar en una dirección. Algunas parten del hogar y otras, como Carretera Perdida, además regresan del fin del mundo hacia ti. Entran directamente por la puerta y traen pasajeros como el diablo con alma de voyeur. El regalo para Pullman y Arquette, debajo del felpudo, es un videocasete que puede ser tan nocivo para la buena salud como cualquiera de las películas de Lynch
Pero es que además las carreteras no siempre se trazan en línea recta. Muchas son espirales, como el camino al revés que existe entre Mulholland Drive y Carretera perdida; hermanas bastardas sobre la misma felicidad truncada. La primera es posiblemente todo lo que la segunda pudo ser y no fue, o quizá al revés. Lo importante es que ambas esconden miedos, pornografía, alucinaciones y sobre todo rubias, morenas y rubias que quieren ser morenas

Esos caminos son intransitables. No depende de la calzada sino del vehículo (y del tripulante). Es mejor coger una segadora eléctrica y recorrer con paso lento pero firme todo Estados Unidos para reconciliarte con tu hermano y con tu pasado. Una historia verdadera es otra manera de entender las películas de Lynch pero no tan diferente en el fondo
En mitad de las rutas y de las autopistas hay algún que otro motel e incluso algún bar de carretera. Sobre el escenario con cortinas rojas del local se interpreta una canción tan desgarradora como en el piloto de Twin Peaks, o como la de Blue Velvet en Terciopelo Azul, o como la de la Llorona de Los Angeles en El Club silencio. E incluso, rizando el rizo, como la de la mujer de pómulos granulados que se esconde tras el radiador en Cabeza Borradora

Las películas de David Lynch son túneles directos hacia el final de El camino de baldosas amarillas. Lynch nos quiere contar que en el fondo El Mago de Oz es mucho más que un simple cuento para niños
Otro día, más territorios...
Varios post para seguir con Lynch
Marnie nos ofrece en su blog todos sus anuncios y carteles
Mientras el SrRuso de fija en el suyo en la dimensión fotográfica de Lynch
muaddib dijo
La filmografía de Lynch es fascinante, y sobre todo, desconcertante.
Pese a mis limitaciones para comprender a veces que nos quiere contar (si ... ya, lo sé ...) no logro despegarme del sillón cuando empieza su pelicula, su historia.
Desde ese Dune donde ahonda en la mente de los protagonistas, a ese test de Rossach que es Carretera Perdida, o ese desconcierto narrativo de Mulholland Drive, cada historia me atrapa.
En ocasiones, viendo sus peliculas, pienso que el mejor símil es el de las polillas: somos polillas revolotenado ante una luz. ;-)
31 Mayo 2006 | 03:05 PM