Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana un niño tuvo la osadía de filmar una película como si fuera un sueño. Lucas rodó con pulso de maestro una leyenda que se gestó en su infancia mezcla de seriales cuarentones, tebeos de Flash Gordon, videojuegos de pocos bits, literatura artúrica y películas de Kurosawa. Volver a ver hoy día La guerra de las galaxias no es perderse en un universo distante sino recorrer un espacio concreto de nuestra imaginación; entrar de lleno en una mitología en expansión y participar de una película que abarca sencillamente todo lo posible. Pero lo más importante es que La guerra de las galaxias es la historia de un director enamorado hasta la médula de sus criaturas, por encima incluso de sus actores. Es el triunfo de las maquetas, del guiñol del cine, del ilusionismo: La vuelta de Mélies sofisticado. Lucas nos invitó a compartir con él este laberinto moderno, este espectáculo interactivo. Nos devolvió la posibilidad de perdernos en otros mundos, rescatar princesas, tripular el Halcón Milenario y restaurar el orden y la justicia en la Galaxia a golpe de sable-láser. Se puede decir que entendió como nadie aquella máxima de Orson Welles de que volver a jugar con tu trenecito eléctrico esconde la auténtica esencia de eso a lo que llamamos Cine


La mejor. Es difícil decidirse entre el perfecto cuento de hadas moderno de Una nueva esperanza o el Space Opera adulto de El imperio contraataca que contiene además ecos edípicos y wagnerianos. Que cada cual decida

La peor. Con claridad El retorno del Jedi que simplifica la épica del conjunto y devalúa la resultante total

El personaje. Ni los entrañables R2-D2 y C3PO, ni la contestona Leia, ni tampoco los aventureros Han o Luke. No, será Darth Vader el único que quede de manera perenne en el imaginario colectivo o como poco por encima de todos ellos

La escena. Incluso por delante del ataque a la Estrella de la Muerte de la primera parte, brilla con luz propia la secuencia en que en El imperio contraataca Darth Vader entra en duelo con Luke Skywalker. La confesión de Luke, soy tu padre amplifica de manera magistral su sentido trágico

Su éxito. La primera parte pulverizó todas las marcas convirtiéndose en la película más taquillera hasta la fecha. Hoy días las tres todavía forman parte de la lista de las cintas más vistas de la historia. Simbolizó junto con Tiburón el nacimiento del Blockbuster y del cine moderno entendido como espectáculo juvenil, así como la aparición del Merchandising y de la poderosa industria Light and Magic. La guerra de las galaxias oficializó un modo de comprender el Cine que recuperaba las aventuras de antaño con el glamour de los nuevos efectos y que simbolizaba la irrupción del pastiche, del lenguaje del videoclip y del videojuego en una industria en que la épica ya no tenía saber histórico de peplum sino lenguaje de fantasía heroica y tragedia lúdica

Palmarés. La primera parte fue nominada a Mejor Película y de sus 10 candidaturas logró hasta 6 estatuillas. Las otras dos se llevaron premios especiales