El último tango en París *****
Nacida en estado de desequilibrio; rodada sobre el exceso, filmada por un director para la desconfianza (que más sabe de crítica cinematográfica que de poesía en imágenes): por algún motivo incomprensible Bertolucci pudo regalarnos la obra definitiva sobre la belleza imperfecta. Un último baile descompasado que como bien se ha dicho narra el naufragio urbano de dos perdedores en la ciudad que nunca más volverá a ser la del amor. París pone el dolor, Brando la desesperación (y una inmensa interpretación) y Schneider el cuerpo; para grabar con pornográfica alevosía unos íntimos actos de amor (no los polvos, sino los diálogos), y una salvaje violación con penetración en los secretos vomitados y escondidos de dos personas que creen saber ocultarlo todo y se les ha olvidado vestirse. Ella buscando un padre que le contara cuentos, él escupiéndole las verdades de este mundo; ella esperando que la sacaran a bailar, él forzándola sobre la pista; ella deseando un beso de buenas noches, él cubriéndole el coño con mantequilla; y pese a todo ella amándole y él correspondiéndola.
Si alguien enumerara los múltiples fallos de “El último tango en París” los admitiría todos sin que por eso dejara por un mínimo instante de reconocerla como una de las más desgarradoras películas sobre como la soledad es el único sentimiento por el que alguna vez dos seres humanos podremos unirnos, y el testimonio más doloroso de como el romanticismo se extingue ante la mediocridad que es lo único que perdura. Y al final María Schneider nos confiesa que no sabía su nombre, que era una persona desconocida; únicamente nos queda saber si se refiera a Brando o a si misma
Para mí, lo mejor de esta peli es que fue una de las pelis prohibidas del franquismo por excelencia. La peli que me hubiera gustado que hubiesen visto mis padres en Perpignan, en vez de quedarse en casa escuchando al Dúo Dinámico, vamos.
Recuerdo que la vi en la tele, la primera vez que la pusieron en TVE, y que fue como un gran acontencimiento entonces, venía a todo trapo en el TP: ¡El último tango en Pariiís, en la teleee del Un Dos Tres y Un país de sagitario!
Además, fue gracioso, porque recuerdo que fue la víspera de mi cumpleaños y estaba solo con mi abuela, que no se enteraba de nada, la pobre, que si no, de qué la iba a ver, já.
Total que me aburrió tanto que ni la terminé de ver. Además llegó mi madre, que estaba de viaje, con un estupendo libro de viajes (relataba los de Cook, Livingstone...etc, así con dibujos muy chulos) y me fui a la cama la mar de contento mientras Marlon Brando hacía el mono en pelotas en la tele.
Eso sí, al día siguiente fui el héroe del cole jajaja : ) Cuando pusieron 9 semanas y media ya no tuvo tanta gracia, ya éramos todos más mayores.
Para terminar, sólo decir, que para mí, el mejor Bertolucci es y será "Soñadores", Would you, come to see me, Queen Jane?... joer que buena!
Un beso
Cada película tiene su momento.
Para los que pudieron verla en los 70, todos sabemos lo que los motivó a desplazarse a Perpignan, y el recuerdo que les dejó (a la mayoría), y que ha llegado hasta nuestros días: "La escena de la mantequilla".
Yo la ví a destiempo, y no me dejó la huella que ahora en tu post tú has mostrado. No tuve la capacidad en aquel momento de profundizar en la relación de esas dos personas, ni en sus motivaciones.
"Soñadores" tampoco la he visto en un momento en que me pudiera dejar una huella como para que la considere la mejor obra de Bertolucci.
En cambio, "Novecento" la ví en el momento adecuado, y con la edad adecuada para apreciar hasta su más mínimo detalle, y su canto a la libertad me llega mucho más que el "canto" de los tres jovencitos "soñadores".
Un estupendo post.
Saludos.
Localicé esta reseña hace varios meses (o eso me parece a mí, ya que veo que es de mediados de Abril). He esperado a ver la peli para decidirme a comentar algo.
(Cual es mi sorpresa al encontrar aquí al amigo Jasón!)
Pues yo digo que ni El Último Tango, ni Soñadores, ni Novecento... sino todas ellas!
Aguanté las 4 horas de Novecento sin poder creer que me estuviera gustando tantísimo...
Tengo a Soñadores como uno de los momentos más hermosos y húmedos de mis visitas al multicine.
Acabo de ver el Último Tango y lo he encontrado angustiante, muy poco erótico, y ante todo turbador. La puñetera mantequilla, por supuesto, lo de menos.
No comparto la idea de que aquellos que disfrutaron en los años 70 con Brando y Schneider no puedan sentir emoción ante una película como Soñadores. E igual con Novecento.
Todos los cineastas cometen imperfecciones. A mayor grado de riesgo, mayor posibilidad de hundimiento, pero también más libertad.
Bertolucci, ya en el Ultimo Tango supo hallar un cierto equilibrio entre el riesgo, la libertad, y la belleza. Y miren que es precisamente una película acerca del exceso y el desequilibrio. Su verdad es brutal y tambaleante.
Saludos desde la Maquinaria...