V de vendetta***

V: no una letra, sino una idea; no un libertario sino un libertador; no un héroe sino un vengador, no un concepto sino una persona. Jamás se quitará la máscara porque entonces dejaríamos de verle. Sin embargo, la pregunta de siempre. ¿Puede ser una película financiada por un gran estudio auténticamente subversiva? Desconozco la respuesta pero al menos V de Vendetta no lo es.
Y eso que no hay mejor inicio que su valiente escenificación de la tiranía en atroz parábola; la cual comienza con los “dedos” del Estado con ganas de meterse en los pantalones de una jovencita en flagrante violación y finaliza (de)mostrando como el miedo es el más eficaz discurso para inutilizar los pensamientos. Pero Hollywood sabe de cómo evitar contar la verdad; no por mentir sino por omitir; y en este caso además simplificar. Porque V de Vendetta es puro espectáculo de fuegos artificiales, con dejes de Matrix y que tan solo en raras ocasiones se sorprende brillantemente lúcida y épicamente poderosa, aunque por desgracia incluso entonces continue siendo falaz. Aquí interesa más subrayar las declaraciones que cuestionar al protagonista; enfrentar a V con unos villanos demoníacamente perversos y cercanos a la caricatura que exponer los motivos sin maniqueísmo de todos los personajes; y si para eso V y Evey tienen que sostener un ligero coqueteo pues mejor, y si hace falta introducir un pegote como el del presentador de televisión e incluso una escena tan deplorable como la Evey y el sacerdote pues se introduce. Lástima que haya tantos aplausos saludando esta obra que impidan que se escuche la verdad: que la novela de Moore es mil veces mejor, pues donde el cine con simbolismo barato y máscaras para significar que todos somos V coloca demagogia, el cómic nos ofrece por igual desencanto y contradicciones. Y al final V; si es una letra y no una idea; un libertador en vez de un libertario, un héroe en lugar de un pobre vengador; y un concepto en vez de una persona: Por desgracia, le hemos arrancado la máscara.