Series de Culto (II): Twin Peaks. El lugar dónde las cosas se hacían despacio
Los acordes de la música, el cartel de entrada, la pregunta de Quién mató a Laura Palmer; todo ello ha pasado a formar parte de la iconografía más mítica de la historia de la televisión. David Lynch consiguió a su paso no sólo el piloto más fascinante que se haya hecho nunca sino la serie más desequilibradamente imperfecta y bella, tanto que todavía hoy supone un espejo en el que medirse para la ficción moderna y un producto de obligado consumo; así como una obra encumbrada por legiones de admiradores

Lo realmente sorprendente de Twin Peaks es su capacidad para convertir un pequeño pueblo al margen de todo, tan improbable como rocambolesco, y lleno de asesinatos, masonería, drogas e incluso apariciones; en un lugar que rezumaba auténtica humanidad; un espacio donde los sentimientos se vivían intensamente y al límite, y donde nos podíamos sentir identificados con cada uno de sus habitantes pese a lo escabroso de su argumento. Todo ello en torno a la investigación para descubrir al asesino de Laura Palmer que enganchó a millones de espectadores demostrando que el culebrón puede ser también arte de primera clase, y esoque paradójicamente no era más que un leit motiv para que por la pantalla desfilaran unos peculiares personajes absolutamente mezquinos y por ello absolutamente auténticos
En efecto Twin Peaks nació de las manos de dos mentes esquizofrénicas como David Lynch y Mark Frost pero también supuso la plataforma de lanzamiento para guionistas y directores que luego poblarían la pequeña pantalla; además de asfaltar el camino del surrealismo en televisión hacia otras series como Picket Fences. Sin embargo pese a que Lynch no dirigiera la gran mayoría de los capítulos, la serie es en su mayoría responsabilidad suya. Cualquiera que conozca su obra nota inmediatamente los rasgos de su cine: un modo de narrar más por imágenes que por lógica y coherencia. Todo en una atmósfera opresiva salpicada por gotas kitsch para contar un trama truculenta plagada de seres insospechados y de múltiples caras. Un espectáculo más para sentir y experimentar que para comprender racionalmente pues casi siempre la locura de Lynch responde más a la inercia de los sueños que a la del mundo despierto
Lynch consiguió un éxito tan apoteósico como efímero, pues fue encumbrado a la categoría de genio y a la portada del Time pero su complejo mundo acabó chocando con las mismas audiencias que habían adorado Twin Peaks; ya que se mostraban incapaces de seguir la serie. Para ellos perderse un episodio o no hacerlo era exactamente lo mismo, Sin embargo hoy nadie puede olvidar las notas de Angelo Badalamenti, a Lady Leño dialogando con su pequeño tronco, o a ese enano bailando en una habitación roja: pequeña poesía de la locura en ese pueblo maderero perdido en mitad de la nada
pequeña habitante dijo
Me gusta tu blog
;)
17 Abril 2006 | 03:38 PM