De Casablanca a Brokeback Mountain
Corre el año 1943; el mundo se derrumba, las bombas caen por todas partes y por mucho que las generaciones futuras se empeñen en desmentirlo el mundo nunca volverá a ser el mismo. Eso lo saben un par de perdedores que en una escena antológicamente artificial, entre la niebla del aeropuerto evitan confesar que se quieren y tan sólo pueden despedirse con un "Siempre nos quedará París". Pura literatura, envuelta en retórica para una ciudad que ya no existía y que únicamente volvería a ellos en sueños. Una declaración que sesenta años después Bob en medio de la vorágine recuperaría al susurrarle a Charlotte que jamás olvidaría Tokyo; una declaración que Clementine y Joel jugándo a olvidarse actualizarían en deseo en medio de sus recuerdos, "Nos vemos en Montauk" exclamaron, y una declaración que Ennis sin palabras pero con dos camisas ensagrentadas frente a él rubricó sobre esa montaña llamada "Brokeback Mountain" en la que creyó conocer a Jack. Y es que a veces nada define mejor la inaltarable soledad del amor que esas palabras que decimos bien bajo para que nadie más pueda oírlas, que recuperamos sólo en los recuerdos de lo que podía haber sido o que clamamos en juramentos que nunca encontraremos palabras para acabar...
vageena davis dijo
hola
15 Abril 2006 | 05:37 PM