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La Coctelera

Categoría: Críticas

Cars: Crítica y reseña

Cars***

En su breve pero acertada filmografía, Pixar ha logrado alcanzar un complejo equilibrio entre la nostalgia animada y las nuevas técnicas por ordenador. Es ahí, antes de nada, donde paradójicamente falla de base su película más ambiciosa y adulta, Cars. Probablemente por ser incapaz de conciliar en un punto común la apabullante factura visual de sus carreras, giros y loopings con el sencillo, que no simplista, diseño de producción de sus carismáticos personajes. Un error evidente para una película que, en efecto, parece avergonzarse de si misma porque no encuentra, o no quiere encontrar, un sólo argumento que defienda el discurso que tan vehemente propone: la mirada nostálgica a la Calle Madre de América, para ya no sólo recordar, sino además recuperar la manera de vida que conllevaba la mítica Ruta 66

Cars es, por tanto, una película indulgente que no alcanza a sublimar su material inicial sino que, en cambio, tira de Catálogo Pixar; es decir de personajes representativos, dobles lecturas y gags de altura diseminados por una trama tan desarticulada como excesiva. Cars, que logra brillar intermitentemente, se coloca al borde de la caricatura y sólo se le ocurre recurrir a su impecable pirotecnia visual para disimular sus defectos, aunque por desgracia más bien los acentúe

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Jarhead: Crítica y reseña

Jarhead ****
En tierra de nadie
No deja de ser significativo que la única vez que Jarhead presenta el conflicto bélico con todas sus partes sea a través de la imagen reflejada por un proyector de Apocalypse now, ante un batallón de soldados ávidos de adrenalina. Una escena que subvierte el significado original y antibelicista de la obra maestra de Francis Ford Coppola gracias a los entusiastas gritos de quienes contemplan la pantalla: la única guerra que estos marines llegaran a ver de verdad.
Y es que esta, la última película de Sam Mendes, nace como un ejercicio decididamente antigenérico que huye del campo de batalla para instalarse en las vidas de los soldados. Todo en la medida de una radical perspectiva que relata el conflicto desde la atalaya de un campamento. Jarhead no es más que la sucesión de vivencias, anhelos y risas de unos cuantos compañeros de pelotón que soportan la espera con algo de nervios. Una serie de tiempos muertos que un carismático reparto y la fuerza de su director nutren de vida.
E incluso cuando finalmente la guerra comienza los protagonistas de esta odisea caminan en medio de la nada, hacia ningún lugar. En el fondo la conclusión sin ideologías posibles de que la guerra no es más que un gran vacío, en el que ni si quiera hay espacio para los enemigos. Pero el gran problema es que su discurso sobre la nada está a punto de devorar a la propia película y es imposible que no quede una sensación de hueco, de no llegar tampoco como espectadores a ninguna parte. Un ejercicio de equilibrismo del que Mendes sale ileso no sin cierta dificultad

El último tango en París: Crítica y reseña

El último tango en París *****

Nacida en estado de desequilibrio; rodada sobre el exceso, filmada por un director para la desconfianza (que más sabe de crítica cinematográfica que de poesía en imágenes): por algún motivo incomprensible Bertolucci pudo regalarnos la obra definitiva sobre la belleza imperfecta. Un último baile descompasado que como bien se ha dicho narra el naufragio urbano de dos perdedores en la ciudad que nunca más volverá a ser la del amor. París pone el dolor, Brando la desesperación (y una inmensa interpretación) y Schneider el cuerpo; para grabar con pornográfica alevosía unos íntimos actos de amor (no los polvos, sino los diálogos), y una salvaje violación con penetración en los secretos vomitados y escondidos de dos personas que creen saber ocultarlo todo y se les ha olvidado vestirse. Ella buscando un padre que le contara cuentos, él escupiéndole las verdades de este mundo; ella esperando que la sacaran a bailar, él forzándola sobre la pista; ella deseando un beso de buenas noches, él cubriéndole el coño con mantequilla; y pese a todo ella amándole y él correspondiéndola.
Si alguien enumerara los múltiples fallos de “El último tango en París” los admitiría todos sin que por eso dejara por un mínimo instante de reconocerla como una de las más desgarradoras películas sobre como la soledad es el único sentimiento por el que alguna vez dos seres humanos podremos unirnos, y el testimonio más doloroso de como el romanticismo se extingue ante la mediocridad que es lo único que perdura. Y al final María Schneider nos confiesa que no sabía su nombre, que era una persona desconocida; únicamente nos queda saber si se refiera a Brando o a si misma

V de Vendetta; Reseña y Crítica

V de vendetta***

V: no una letra, sino una idea; no un libertario sino un libertador; no un héroe sino un vengador, no un concepto sino una persona. Jamás se quitará la máscara porque entonces dejaríamos de verle. Sin embargo, la pregunta de siempre. ¿Puede ser una película financiada por un gran estudio auténticamente subversiva? Desconozco la respuesta pero al menos V de Vendetta no lo es.
Y eso que no hay mejor inicio que su valiente escenificación de la tiranía en atroz parábola; la cual comienza con los “dedos” del Estado con ganas de meterse en los pantalones de una jovencita en flagrante violación y finaliza (de)mostrando como el miedo es el más eficaz discurso para inutilizar los pensamientos. Pero Hollywood sabe de cómo evitar contar la verdad; no por mentir sino por omitir; y en este caso además simplificar. Porque V de Vendetta es puro espectáculo de fuegos artificiales, con dejes de Matrix y que tan solo en raras ocasiones se sorprende brillantemente lúcida y épicamente poderosa, aunque por desgracia incluso entonces continue siendo falaz. Aquí interesa más subrayar las declaraciones que cuestionar al protagonista; enfrentar a V con unos villanos demoníacamente perversos y cercanos a la caricatura que exponer los motivos sin maniqueísmo de todos los personajes; y si para eso V y Evey tienen que sostener un ligero coqueteo pues mejor, y si hace falta introducir un pegote como el del presentador de televisión e incluso una escena tan deplorable como la Evey y el sacerdote pues se introduce. Lástima que haya tantos aplausos saludando esta obra que impidan que se escuche la verdad: que la novela de Moore es mil veces mejor, pues donde el cine con simbolismo barato y máscaras para significar que todos somos V coloca demagogia, el cómic nos ofrece por igual desencanto y contradicciones. Y al final V; si es una letra y no una idea; un libertador en vez de un libertario, un héroe en lugar de un pobre vengador; y un concepto en vez de una persona: Por desgracia, le hemos arrancado la máscara.